Consejos

El vino y los platos : armonía en la mesa

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Como norma general, los vinos ligeros deben acompañar a platos ligeros, y los vinos con cuerpo se servirán con platos más pesados o con platos de salsa.

Los vinos con acidez suelen combinar muy bien con platos de sabores acidulados, mientras que los suaves van bien con platos suaves, salsas cremosas, sabores agridulces o cocina exótica.


 

Ingredientes difíciles

 

Pero también existen platos que son difíciles de casar con el vino, por ejemplo, los aliñados con vinagreta, o las ensaladas, ya que al final el vinagre se acaba imponiendo sobre el vino.

También están los platos que llevan cebolla y ajos, puesto que anulan la sensibilidad del paladar.

Los huevos también desvirtúan el sabor de un buen vino.

 

Consejos

  • Los vinos ligeros precederán a los vinos con cuerpo
  • Servir el vino blanco antes que el tinto, y si es al contrario, el tinto debe ser ligero y el blanco estructurado.
  • Los vinos jóvenes se servirán antes que los maduros
  • Los vinos más finos y elegantes se sirven en último lugar.
  • En ambientes calurosos conviene servir vinos ligeros y frescos.
  • Si se opta por elegir un único vino en la comida, conviene escoger el que se asocie mejor con el plato principal.
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Manchas

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  • Recientes: Si te acaba de caer vino en tu ropa, aplica un chorro de agua y luego lo cubres con sal para que absorba la mancha. Otra forma es aplicar vino blanco.Te ayudará en el momento. Al llegar a casa debes hervir un poco de leche, y sumergir la prenda en ella durante algunos minutos. Cuida que la leche no esté demasiado caliente, porque podría dañar la tela, así que lo mejor es dejarla enfriar  algunos minutos. Luego saca la prenda y lava la leche con una mezcla de agua y amoniaco. De ahí puedes lavarla de forma habitual.
  • Manchas de vino blanco: Como remedio de urgencia cuando el vino acaba de derramarse, espolvorea la mancha con sal fina de mesa. Si no es tan reciente y se trata de una tela resistente, lávala con agua templada y jabón. Si es delicada, frótala con alcohol antes de mojarla.
  • Mantel: mejor frotarlas con vino blanco.
  • En alfombras: disolver una cucharada de detergente para lana en un vaso de agua tibia, y añadir otra de amoniaco. Humedecer una esponja en esta mezcla y frotar la mancha con una esponja o cepillo. Aclarar con agua y vinagre.
  • En mármol: si se limpia rápidamente, bastara con pasar un paño húmedo. Si el vino ha oscurecido la piedra, se deberá un poco de lejía diluida al 50% en agua.
  • En la pared: las manchas en paredes pintadas con pinturas lavables o empapeladas se limpian con vino blanco. Los restos se eliminan con agua oxigenada mezclada con agua a partes iguales.

 

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El servicio del vino

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Los vinos tintos deben servirse a temperatura más alta que los blancos. Conviene meter estos últimos en una cubitera con agua fría y algunos hielos para que no se calienten en la copa.

Los tintos jóvenes pueden enfriarse asimismo en la cubitera.

Los tintos muy viejos en principio no deben usar la cubitera, aunque si están demasiado calientes, sí que es recomendable que bajen un poco la temperatura.

Temperaturas para consumir el vino

Vinos generosos secos

7º C

Vinos dulces

7-8º C

Vinos espumosos

7-10º C

Blancos suaves

8-10º C

Blancos de barrica

10-12º C

Vinos Rosados

10-12º C

Vinos tintos Jóvenes

14-16º C

Vinos tintos de barrica

16-17º C

Vinos tintos añejos

17-18º C

Los vinos que requieren ser servidos más frescos, como los blancos secos, los generosos andaluces o los espumosos, se sirven al comienzo de las comidas, y éstos van dando paso a otros más cálidos que se sirven posteriormente, como los tintos.

Se recomienda en los vinos maduros que reposen un día antes de ser bebidos en una cesta de servicio a una temperatura ambiente de unos 18º C.

En cualquier caso, si superase cualquier vino esta temperatura de 18º C es aconsejable pasarlo por una cubitera para que se beba con más agrado.

Llevar las botellas de la bodega a la mesa

Los vinos jóvenes pueden llevarse unas horas antes de la comida, desde la bodega hasta la mesa y permiten mayor movilidad de la botella ya que no tienen posos significativos.

Los vinos maduros requieren de un mayor cuidado en su transporte y deben enderezarse con cuidado y de forma paulatina, o bien depositarlos en una cesta de servicio, donde seguirán recostados, para su consumo.

Cuantos más años tiene un vino, más cuidado hay que tener en el manejo de la botella en la que se encuentre, y es que son más frágiles. Teniendo cuidado y sin hacer movimientos bruscos, los posibles posos irán al fondo de la botella. La temperatura de 18º C sería la máxima a la que deberían permanecer.

Los blancos por su parte se pueden guardar en el frigorífico.

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La copa

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Durante siglos se han utilizado como utensilios para beber el vino, cubiletes de estaño, de plata o de plata dorada, como los usados actualmente en las iglesias. En ellos vertía el vino el escanciador sin ningún tipo de finura. Con el tiempo, va surgiendo la necesidad de mostrar el líquido que albergan en su interior tales utensilios para saber lo que se está bebiendo y se empieza a imponer el cristal.

Sin embargo, la forma de la copa de cristal no es indiferente a la hora de exaltar o de anular las cualidades de un vino, y es que cada vino requiere una copa determinada, al igual que cada persona requiere de una vestimenta diferente según la ocasión.

Por lo tanto, no sólo es necesaria la transparencia en el utensilio que alberga al vino, sino también la forma.

Las formas abiertas suelen dejar escapar los perfumes del vino, y por eso empezaron a proliferar las copas en forma de tulipán, con la parte superior cerrada ligeramente para retener las esencias. Suele emplearse para apreciar los olores del vino una copa más alta que ancha, de volumen suficiente y ligeramente elíptica.

Las formas preferidas

Las copas sobrias (de cristal liso y fino) son preferibles a las de cristal tallado para apreciar adecuadamente los matices del vino cuando inclinamos la copa.

Entre el cuerpo de la copa y el pie plano de la misma, debe mediar una fina columna de cristal para permitirnos sostenerla sin calentar el vino facilitar su rotación, para lo cual se sostiene la copa por su pie circular.

Debe llenarse hasta poco más de un tercio de su capacidad para que quede una cámara de aire en la parte superior donde se concentran los aromas.

En las comidas puede emplearse una copa para el agua y una para cada vino (aunque normalmente basta con una copa para blancos y otra para tintos). Y si además se sirve cava o champagne se pondrán también copas altas de tulipa.

Tipos

La International Standard Organization (ISO), ha creado una copa llamada catavinos ISO, recomendada para catas profesionales, y donde se limita la influencia de la copa sobre las sensaciones olfativas y gustativas a la hora de la cata.

Las copas “impitoyables” , que curiosamente no tienen pie ni columna de sustentación, “radiografían” todo tipo de vinos y revelan todos los defectos que pudiera tener, ya que el vino queda al desnudo ante este tipo de copas. Sólo suelen emplearse para catas profesionales, ya que no están concebidas para la degustación y el placer.

Para vinos blancos suelen emplearse copas más altas, en forma de tulipa o catavinos para apreciar bien los aromas, mientras que para los tintos se prefieren más anchas para apreciar bien el color y los matices del pigmento. Dentro de estos a su vez, destacamos la botella Bordolesa, grande y esbelta. Es adecuada para vinos tintos jóvenes o de media crianza. Su forma permite también utilizarla para vinos picantes ya que es capaz de retener la espuma; y la copa en forma de balón, que es la que se utiliza para vinos tintos viejos. Debe llenarse solo hasta la mitad, para permitir que el vino se oxigene y así evidenciar todo su aroma y sabor.

Lavado

Por último hay que recordar que las copas requieren de un lavado cuidadoso, y frente al uso de lavavajillas y detergente, se recomienda un lavado con agua caliente y un buen aclarado, y para una limpieza a fondo es mejor utilizar alcohol de vino.

Y si han estado mucho tiempo guardadas, se recomienda lavarlas con agua fresca y un secado cuidadoso.

Cuando se vayan a escurrir se recomienda posarlas sobre su pie o colgarlas por el pie, y que pueda entrar en ellas el aire, porque si se escurren boca abajo en contacto con una superficie, quedará un aire viciado y puede dar lugar a malos olores que luego impedirán una correcta degustación del vino.

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Descorchado y decantado

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El sacacorchos

Para descorchar un vino, es recomendable cortar la cápsula de metal por debajo del gollete de la botella, para que de esta forma no entre el vino en contacto con el metal.

Una vez descorchado con algún tipo de sacacorchos, se procede a oler el vino por si tuviese algún olor desagradable, o oliese demasiado a corcho.

En vinos viejos es aconsejable limpiar con un trapo el interior de la copa de la botella.

 

Un poco de historia

Este utensilio se usa desde hace unos 300 años y se reconoce su origen inglés, siendo concedida la primera patente en 1795 y se utilizó primeramente para descorchar botellas de cerveza y de sidra ya que el encorchado era más compacto que en el vino.

Tipos
  • de palanca

Es el más clásico y el preferido por los profesionales. Su punta descapsuladora sirve de palanca cuando situamos el sacacorchos en el borde del cuello de la botella. La principal ventaja de este tipo es que no perforamos el tapón, y por consiguiente no caen partículas en el vino.

  • de tornillo

Es el empleado en la mayoría de hogares. Es muy cómodo de utilizar ya que permite extraer el tapón sin esfuerzo, pero tiene el inconveniente de que perfora el tapón y pueden caer partículas en la botella. Además puede despuntarse fácilmente por la fragilidad de su filo, lo cual perjudica su funcionalidad.

  • de lenguetas o de mayordomo

Es el mejor de todos, pero la desventaja de estos sacacorchos reside en la dificultad de su manejo. Contienen dos láminas metálicas paralelas que se insertan entre el corcho y el cuello de la botella; al girar y tirar hacia arriba, el tapón sale por completo y sin marcas, e incluso se lo puede reinsertar con facilidad. Es ideal para descorchar botellas antiguas con tapones sensibles, ya que permite extraerlos sin que se desmenucen.

Consejos

  • Es conveniente ir a tiendas especializadas para que nos orienten según el presupuesto y las necesidades.
  • No usar sacacorchos de pequeñas brocas y delgadas, puesto que se corre el riesgo de que no salga todo el corcho con la broca, sino sólo la parte central.
  • Los sacacorchos que tienen dos palancas laterales que descienden a medida que la broca va perforando el corcho, suelen dañar bastante el tapón, ya que el ángulo de la broca central está mal adaptado.
  • Antes de abrirla la botella de vino tiene que estar apoyada sobre la mesa, y no puesta entre las piernas o entre los brazos. No debe moverse, sólo debe actuar el sacacorchos.

Los sacacorchos de aire, que extraen el corcho mediante la penetración de aire a presión en la botella, pueden hacer que se desmenuce el tapón y además el aire insuflado a presión puede perjudicar al vino.

Cuándo abrir la botella

Al abrir una botella de vino buscamos mediante el contacto con el aire, una mejora en la degustación. Dar una norma inflexible es realmente complicado ya que cada caso puede ser diferente. Las variables a tener en cuenta son las siguientes: el tipo de vino, la edad, su origen, la forma de la conservación y la temperatura con que se nos presenta.

No es lo mismo hablar de un vino joven que no presentará ningún problema si lo abrimos con antelación significativa antes de la comida, que de un vino con años que es mucho más frágil y en los que el contacto con el aire no siempre es aconsejable.

El decantado

Decantar es separar los posos del vino, vertiéndolo de manera lenta y delicada en el decantador, para evitar que el flujo se altere con burbujas de aire (el típico “glú-glú”). Además de para eliminar los posos, provoca una oxigenación del vino que hace que pueda desarrollar todo su aroma.

Cuando observemos que el vino que nos falta por trasvasar empieza a enturbiarse, marcará el fin de la operación.  El decantador ha de estar limpio para evitar que el vino se contamine al decantar.

Descorchar la botella con alguna antelación, no siempre es suficiente, ya que realmente la superficie que se está oxigenando es de 2cms cuadrados. Algo insignificante para el volumen de vino que hay en una botella. Y a veces esa oxigenación a través de la decantación es muy necesaria.

Por lo general el criterio a seguir estará en función de los aromas: si nos hallamos con un vino que desprende aromas suaves y fugaces, no lo decantaremos. Por el contrario si se trata de aromas fuertes que dejan entrever un desarrollo de los mismos, lo decantaremos obteniendo así el efecto buscado.

Consejos de descorchado y decantado según el tipo de vino

 

Aunque respecto a los vinos viejos lo mejor es probar decantando un poquito y luego compararlo con una copa recién servida, y en base a lo que concluyamos actuar de una u otra manera.

También añadir que si la botella se ha conservado en posición horizontal (que es lo habitual para que el vino no esté “muerto”), conviene ponerla en vertical el día anterior para que todos los posibles sedimentos queden en el culo de la botella y no lleguen al decantador.

 

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